En el ser humano conviven multitud de microorganismos (bacterias, virus, arqueas y hongos) en diferentes proporciones. Este grupo de seres reciben el nombre de microbiota. El conjunto de los genes de estos organismos se denomina microbioma1 y en los últimos años se ha considerado el centro de la investigación científica y médica.

Un campo de investigación de especial interés es el del papel que pudiera jugar la microbiota que habita en el intestino en la propagación de patologías fuera del tracto digestivo y la relación que existe entre el sistema nervioso y el microbioma2. Cada vez hay más estudios que resaltan la participación del microbioma intestinal en muchos trastornos neurológicos como el Alzheimer, la enfermedad de Parkinson o la Esclerosis Múltiple2, pudiendo influir en la mejora de la función inmunológica.

Centrándonos en la Esclerosis Múltiple (EM), entender si la modificación de la microbiota puede prevenir o tratar la EM y cómo influye, sigue siendo en gran parte desconocido3; ya que aunque las alteraciones en el microbioma han destacado recientemente en la patogénesis (origen y evolución) de la Esclerosis Múltiple, el mecanismo que vincula el entorno intestinal alterado con esta patología del Sistema Nervioso Central sigue sin estar claro4.

El desequilibrio de la microbiota intestinal (conocido como disbiosis), podría desencadenarse a partir de trastornos gastrointestinales provocados por la dieta, las infecciones, el uso de antibióticos o incluso tener componente genético. Este desequilibrio da lugar a un aumento de compuestos inflamatorios y células del sistema inmunitario que desencadenarían la desmielinización neuronal5. Es por esto por lo que la presencia de una fisiología intestinal alterada, y la interacción entre su microbiota y el sistema inmunológico puede suponer un factor de riesgo para la EM6.

Por todo esto, se está considerando la regulación de la microbiota para el tratamiento y la prevención de la Esclerosis Múltiple, destacando el cambio de la dieta como principal punto a tener en cuenta6, siendo recomendable una alimentación equilibrada, sana y variada, rica en frutas y verduras (debido a su alto contenido en fibra); además, debemos destacar los probióticos o también llamados  alimentos funcionales formados por microorganismos vivos que pueden resultar beneficiosos para la salud, ya que su ingesta diaria puede favorecer el mantenimiento de una microbiota intestinal sana. Algún ejemplo de alimento funcional podría ser el yogurt o el kéfir*. Dentro de la gran variedad de probióticos que existen, podríamos destacar el L. Reuteri, el cual se ha utilizado para modular las respuestas inmunitarias en la encefalomielitis autoinmune experimental (modelo animal en estudios de la Esclerosis Múltiple) con resultados positivos, siendo por ello un nuevo candidato en estudios futuros para modificar la gravedad de la EM3.

Otra posible alternativa o complemento a la dieta como tratamiento dirigido a regular la microbiota intestinal sería el trasplante de microbiota fecal y que consistiría en reemplazar todo el microbioma intestinal del paciente para restablecer el equilibrio microbiano que tendría una persona sana7. Se trata de un nuevo enfoque que si bien puede resultar llamativo, podría ser una opción para conseguir una microbiota intestinal normal en personas con Esclerosis Múltiple que presenten disbiosis.

Algunas consideraciones que puedes aplicar para mantener una microbiota intestinal saludable8:

  • Tomar productos lácteos fermentados como el yogur o el kéfir*.
  • Incluir en la dieta alimentos ricos en fibra como granos integrales, legumbres, verduras y frutas.
  • Aumentar el consumo de alimentos frescos y limitar los alimentos procesados.
  • Consumir granos integrales en mayor proporción que los refinados.
  • Beber suficiente agua a diario (es imprescindible para que la fibra cumpla con su cometido).
  • Limitar o eliminar el consumo de azúcares simples y grasas saturadas.
  • No tomar antibióticos sin prescripción médica.
  • Realizar actividad física de forma regular.

 

* Kéfir: Bebida láctea fermentada por hongos y bacterias, de aspecto similar al yogur y originaria del Cáucaso. Actualmente también se realiza kéfir de agua o té, pero tienen menos valor nutricional.

 

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Forbes JD, Bernstein CN, Tremlett H, Van Domselaar G, Knox NC. A fungal World: Could the gut mycobiome be involved in Neurological disease . 2019 Jan 9;9:3249
  2. Sasmita AO. Modification of the gut microbiome to combat neurodegeneration. 2019 May 16.
  3. He B, Hoang TK, Tian X, Taylor CM, Blanchard E, Luo M, Bhattacharjee MB, Freeborn J, Park S, Couturier J, Lindsey JW, Tran DQ, Rhoads JM, Liu Y. Lactobacillus reuteri reduces the severity of experimental autoinmune encephalomyelitis in mice by modulating gut microbiota. 2019 Mar 7;10:385.
  4. Kadowaki A, Saga R, Lin Y, Sato W, Yamamura T. Gut microbiota – dependent CCR9 + CD4 + T cells are altered in secondary progressive multiple sclerosis. 2019 Apr 1;142(4):916-931.
  5. Roy Sarkar S, Banerjee S. Gut microbiota in neurodegenerative disorders. 2019 Mar 15;328:98-104.
  6. Fan Y, Zhang J. Dietary modulation of intestinal Microbiota: Future opportunities in Experimental Autoimmune Encephalomyelitis and Multiple Sclerosis. 2019 Apr 16;10:170.
  7. Uchiyama K, Naito Y, Takagi T. Intestinal microbiome as a novel therapeutic target for local and systemic inflammation. 2019 Mar 12. Pii:S0163-7258(19)30045-2.
  8. Mansilla, N. Desequilibrios en la microbiota intestinal en Esclerosis Múltiple. http://actividadfisica.esclerosismultiple.com/index.php/2017/06/05/desequilibrios-en-la-microbiota-intestinal-en-esclerosis-multiple/

Marta Lorenzo Corrochano. Nutricionista

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