El deterioro cognitivo puede aparecer en aproximadamente el 40%-70% de las personas con Esclerosis Múltiple (EM) y se puede presentar en cualquier momento del curso de la enfermedad. Independientemente de la duración de la enfermedad y nivel de discapacidad física, el impacto cognitivo tiene a su vez un impacto funcional significativo, afectando a la calidad de vida y estilo de vida de las personas y reduciendo el nivel de actividad y participación social, laboral y educativa. Además, el funcionamiento cognitivo puede interferir con las estrategias de afrontamiento, la adhesión a tratamientos y capacidad para beneficiarse de estrategias de rehabilitación.

En la Esclerosis Múltiple, el patrón neuropsicológico generalmente se caracteriza por la presencia de déficits en la velocidad de procesamiento de la información, funciones ejecutivas y memoria de trabajo y episódica [1, 2, 3]. Si tenemos en cuenta la afectación cognitiva, dependiendo de los tipos de EM, un estudio de meta-análisis (análisis de 47 estudios originales) subraya que dicho deterioro parece ser distinto entre personas con EM primaria-progresiva y personas con EM remitente-recurrente. Las personas con EM primaria-progresiva exhiben significativamente más deterioro cognitivo, especialmente en aprendizaje y memoria verbal [4].

¿Cómo se definen y cómo nos pueden afectar estas funciones cognitivas en nuestra vida cotidiana?

La velocidad de procesamiento es una habilidad cognitiva que se puede definir como el tiempo que le lleva a una persona hacer una tarea mental. Tiene que ver con la velocidad en la que una persona capta y reacciona a la información que recibe, ya sea por vía visual (letras y números), auditiva (lenguaje) o del movimiento. Es decir, la velocidad de procesamiento es el tiempo que se tarda entre que se recibe el estímulo y se emite una respuesta. Tener una velocidad de procesamiento lenta no quiere decir que tengamos un menor nivel de inteligencia, sino que iremos más lentos haciendo determinadas tareas. Cuanta mayor velocidad de procesamiento más eficientemente se pensará y aprenderá [1, 2, 3].

Tenemos que tener en cuenta que la depresión puede contribuir a una velocidad de procesamiento más lenta, mientras que la fatiga requiere de un mayor esfuerzo para retener información [5].

Las funciones ejecutivas se refieren a las habilidades cognitivas necesarias para el comportamiento dirigido a objetivos y a la adaptación a las demandas y cambios del entorno. Estas funciones incluyen la capacidad de planificar, anticipar resultados, organizar y dirigir recursos adecuados a los objetivos, anticipación y desarrollo de la atención, control de impulsos y autorregulación, flexibilidad mental o la inhibición de la respuesta. Estas capacidades son especialmente importantes en situaciones novedosas que requieren un ajuste rápido y flexible a las demandas del contexto. Nos ayudan a mantener el control atencional, lo que conlleva la capacidad para atender selectivamente a un estímulo específico. Nos aportan estrategias de flexibilidad cognitiva que permiten cambiar a nuevas actividades, hacer frente a cambios en las rutinas, aprender de los errores y elaborar estrategias alternativas, multitareas y procesos de almacenamiento temporal. También nos permiten establecer objetivos, anticipando futuros eventos, formulando objetivos y desarrollando pasos para conseguir un objetivo [1, 2, 3].

La memoria se refiere a las operaciones de adquisición, formación, conservación y evocación de información. Existen diferentes tipos de memoria, aunque parece que las más afectadas en la Esclerosis Múltiple son la memoria de trabajo y la memoria episódica.

La memoria de trabajo, también denominada memoria inmediata, es parte de la memoria a corto plazo, caracterizada por un funcionamiento breve y fugaz, que mantiene la conexión de hechos reales inmediatos, dura unos pocos segundos hasta un máximo de tres minutos.

Por su parte, la memoria episódica es un tipo de memoria declarativa que contiene información sobre nuestras experiencias personales que han ocurrido en un lugar determinado y momento temporal concreto. Es una memoria de hechos pasados de la vida de la persona.

Aunque existe información limitada sobre los factores de riesgo o factores protectores asociados al deterioro cognitivo en la Esclerosis Múltiple, a continuación, vamos a describir algunos de ellos [1]:

  • El envejecimiento está claramente asociado a una disminución del rendimiento neuropsicológico.
  • El deterioro cognitivo es más frecuente en pacientes que están en las fases más avanzadas de la enfermedad y el perfil y la gravedad de los déficits cognitivos parecen ser principalmente impulsados ​​por la edad y acumulación de discapacidad. El tratamiento temprano y apropiado de la enfermedad puede representar una clave estrategia para mejorar el resultado físico y cognitivo del sujeto.
  • Los factores de riesgo cardiovascular así como el historial de enfermedad tiroidea se han asociado con la carga de lesión cerebral y un peor rendimiento cognitivo.
  • Entre los factores del estilo de vida, fumar es un factor de riesgo bien reconocido y está relacionado con cambios preclínicos en el cerebro, mayor riesgo de deterioro cognitivo y aumento del riesgo de demencia. Con respecto al consumo de alcohol, la ingesta excesiva y crónica es una causa bien establecida de atrofia cerebral y demencia.
  • El ejercicio físico temprano en la vida y las estrategias preventivas centradas en el enriquecimiento intelectual, podrían favorecer un mejor rendimiento cognitivo ya que contribuyen a la construcción de la reserva cognitiva.

Y tú… ¿qué puedes hacer para mejorar tu funcionamiento cognitivo?

 

Bibliografía

  1. Amato, M. P., Prestipino, E., Bellinvia, A., Niccolai, C., Razzolini, L., Pastò, L., Fratangelo, R., Tudisco, L., Fonderico, M., Mattiolo, P. L., Goretti, B., Zimatore, G. B., Losignore, N. A., Portaccio, E., & Lolli, F. (2019). Cognitive impairment in multiple sclerosis: An exploratory analysis of environmental and lifestyle risk factors. PloS one, 14(10), e0222929. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0222929
  2. Brito, M. L. (2010). Cognitive deficits in multiple sclerosis: A systematic review. Arquivos de Neuro-Psiquiatria, 68(4):632-641.
  3. James, F., Ralph, B., Christian, E. et al. (2018). Cognition in multiple sclerosis: State of the field and priorities for the future. Neurology, 90, 278-288. DOI 10.1212/WNL.0000000000004977
  4. Johnen, A. et al. (2017). Distinct cognitive impairments in different disease courses of multiple sclerosis—A systematic review and meta-analysis. Neuroscience and Biobehavioral Reviews http://dx.doi.org/10.1016/j.neubiorev.2017.09.005.
  5. Diamond, B., Johnson, S., Kaufman, M., Graves, L. (2008). Relationships between infor­mation processing, depression, fatigue and cognition in multiple sclerosis. Archives of Clinicial Neuropsychology, 23, 189-199.

Esther Lázaro. Neuropsicóloga

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