El aumento de la capacidad de producción de fuerza, importante componente del entrenamiento tanto de las personas asintomáticas como de aquellas que padecen alguna patología, se ha postulado durante los últimos años como uno de los objetivos de trabajo específico prioritario en las personas con Esclerosis Múltiple (EM).

En el caso de la EM, son conocidos los frecuentes problemas motores que acompañan al curso de la enfermedad, siendo los más habituales la debilidad muscular, la pérdida o los problemas con el equilibrio y la espasticidad.

El objetivo de los entrenamientos encaminados al aumento de la capacidad de producir fuerza en personas con EM, tiene una doble vertiente:

  • Intentar que no pierdan más fuerza de la que ya han perdido; pérdida que puede estar ocasionada por la propia patología o por el sedentarismo en el que incurren muchos de los diagnosticados.
  • Ganar más capacidad de producción de fuerza con el fin de afrontar los síntomas producidos por la patología: reduciendo la fatiga, mejorando la capacidad de caminar, mejorando la capacidad funcional de los miembros superiores, etc.

En definitiva, lo que se persigue como fin último es mejorar la calidad de vida de la persona.

Además, se siguen investigando otros importantes beneficios de este tipo de entrenamiento, como la mejora de la transmisión neural y por tanto de la calidad del impulso nervioso, o la reducción del nivel de citoquinas pro-inflamatorias que podrían reducir el nivel de inflamación del sistema nervioso central.

En general, podemos decir que la fuerza es aquella capacidad que nos permite vencer una resistencia. Esa resistencia puede ser el peso de nuestro propio cuerpo, o bien un objeto (como por ejemplo, una pesa). Con el ejercicio de fuerza, a base de repetir el vencimiento de esa resistencia, se consiguen unas adaptaciones en el organismo que van a permitir primero vencer esa resistencia y más tarde vencer resistencias mayores. Es decir, cada vez será posible movilizar pesos o cargas mayores en los entrenamientos y se traducirá en mejoras en el día a día, como por ejemplo poder levantarse/sentarse con más facilidad, hacer determinados movimientos con menos fatiga, caminar más y mejor, etc.

Así pues, mejorar la condición física en términos de poder producir más fuerza ayudará tanto a reducir la pérdida de funcionalidad, como a convertirse en personas más activas, obteniendo por tanto todos los beneficios que el entrenamiento de fuerza proporciona a la población general (facilitar las actividades de la vida diaria, disminuir el riesgo de caídas y fracturas, disminuir la fatiga y mejorar el sistema óseo-articular).

Además, con el entrenamiento de fuerza, por su propia estructura que combina periodos cortos de actividad seguidos de descansos programados, se consigue realizar ejercicio físico de intensidades moderadas-altas sin aumentar la temperatura corporal en exceso y por tanto reduciendo la posibilidad de aparición del fenómeno de Uhthoff (en el que el aumento de temperatura corporal puede suponer una pérdida de rendimiento, ánimo, e incluso la exacerbación de síntomas en algunos pacientes).

A continuación, encontrarás algunas recomendaciones sobre el entrenamiento de fuerza para personas con Esclerosis Múltiple. Como siempre, son recomendaciones generales, que se deberán adaptar a cada caso particular con la orientación de profesionales:

Para concluir, añadir que siempre que sea posible, se deben realizar las sesiones cuanto antes, en lugares donde si es viable se pueda controlar la temperatura ambiente (locales climatizados) y que en algunos casos, puede ser necesario realizar un test de fuerza para poder prescribir el entrenamiento con seguridad.

 

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Ramón J. Gómez i Illán: Doctor en CC. De la Actividad Física y el deporte.

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