Durante décadas y aún en la actualidad, a los pacientes de Esclerosis Múltiple (EM) se les ha desaconsejado erróneamente la realización de actividad física debido fundamentalmente a tres razones: la termo-sensibilidad, la fatiga y la discapacidad.

Desde el punto de vista del paciente las consultas más frecuentes se refieren tanto al riesgo de empeoramiento general de la patología como a la posibilidad de sufrir un brote derivada de la propia práctica.

Numerosos estudios han señalado los efectos beneficiosos que la actividad física tiene sobre los pacientes, que son los mismos que para la población general. Además, si la práctica está bien prescrita, por personal cualificado y bajo criterios científicos, es posible mejorar algunos de los síntomas que la patología conlleva: problemas de la marcha, equilibrio, fatiga, falta de fuerza, etc. Por citar algún estudio, mencionar el trabajo de Latimer-Cheung et al. de 2013 en el que los autores afirman que existe suficiente evidencia de que el entrenamiento físico es efectivo para mejorar tanto la capacidad aeróbica como la fuerza muscular, además de mejorar la movilidad, la fatiga y la percepción de la calidad de vida1.

En cuanto a la posibilidad de empeoramiento del curso de la enfermedad, aparición o agravamiento de nuevos síntomas y/o aparición de brotes durante o tras la práctica deportiva, para constatar que no existe tal riesgo debemos repasar los estudios existentes hasta la fecha e ir revisando uno a uno qué problemas habían surgido durante la intervención. Repasando los trabajos más importantes como pueden ser los de Motl et al., Latimer et al. o Dalgas et al., se podía afirmar que la práctica de actividad física no era perjudicial2-4.

No obstante, no existía hasta hace pocos años un meta-análisis* que tuviera como principal objetivo enumerar los brotes, efectos adversos y abandonos de práctica deportiva sucedidos en los estudios publicados en los que se sometía a pacientes de EM a una determinada práctica deportiva.

Es por ello que cabe reseñar la importancia que tanto para neurólogos, terapeutas, pacientes y aquellos que se dedican a la prescripción de actividad física, tuvo la publicación en mayo de 2014 del trabajo de la Dra. Lara A. Pilutti et al. 5 sobre la seguridad de la práctica de ejercicio físico por pacientes de EM. En esta revisión, se repasaron estudios de la literatura para analizar el número de brotes, fenómenos adversos y abandonos que se han producido en los mismos. Dichos estudios además, debían ser de entrenamiento físico, por lo que se excluyeron aquellos en los que se referenciaban trabajos de rehabilitación, como los tratamientos de fisioterapia.

La manera de proceder de los autores fue la siguiente:

  1. Seleccionar los trabajos que contaban con grupo de intervención (entrenan) y grupo control (no entrenan).
  2. Contar el número de brotes, efectos adversos (enfermedades y/o lesiones) y abandonos de los participantes que entrenaban frente a los padecidos por aquellos que no entrenaban.
  3. Comparar ambos grupos para así obtener una tasa de riesgo de padecer estos síntomas cuando se entrena.

Los resultados no pudieron ser más claros: de entre los estudios seleccionados el 6,3% de sujetos que no entrenaban padeció un brote, frente al 4,6% de los sujetos que sí entrenaron, lo que supondría un 27% menos de riesgo de padecer un brote si se entrena, es decir, no es que practicar actividad física no provoque brotes, es que incluso puede reducir el riesgo de padecerlos si lo comparamos con sujetos sedentarios5, resultados además que concuerdan con un estudio de Tallner A et al. de 2012 de dos años de duración en el que ya afirmaban este hecho6.

En cuanto a otros fenómenos adversos durante la práctica deportiva, el 2% de los sujetos estudiados que participaron en actividades deportivas sufrió alguna de ellas, frente al 1,2% de los que no practican deporte. Esto implica una mayor probabilidad -67% más- de padecer caídas, enfermedades, problemas musculo-esqueléticos, etc., pero este riesgo no es mayor que el de las personas sanas cuando practican deporte, como muestra el estudio de Powell KE et al.7. Toda actividad física conlleva un riesgo de lesión, principalmente ósea y/o muscular.

Así pues, parece resuelta una de las grandes dudas de los pacientes que quieren seguir practicando deporte una vez diagnosticados o desean empezar a practicarlo para mejorar su salud: la práctica de actividad física – prescrita bajo criterios científicos por un profesional del deporte- no conlleva más probabilidad de padecer brotes – más bien lo contrario-, y además no me voy a lesionar más que si no padeciera EM.

*Meta-analisis: Es un proceso de investigación que utiliza herramientas estadísticas para revisar los resultados de diferentes estudios sobre el mismo tema, permitiendo a los profesionales de la salud tomar decisiones bien informadas.

 

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Latimer-Cheung, A. E., Pilutti, L. A., Hicks, A. L., Martin Ginis, K. A., Fenuta, A. M., MacKibbon, K., & Motl, R. W. (2013). Effects of exercise training on fitness, mobility, fatigue, and health-related quality of life among adults with multiple sclerosis: a systematic review to inform guideline development. Archives of physical medicine and rehabilitation, 94(9), 1800-1828.
  2. Motl, R. W., & Gosney, J. L. (2007). Effect of exercise training on quality of life in multiple sclerosis: a meta-analysis. Multiple Sclerosis.
  3. Latimer-Cheung, A. E., Martin Ginis, K. A., Hicks, A. L., Motl, R. W., Pilutti, L. A., Duggan, M., … & Smith, K. M. (2013). Development of evidence-informed physical activity guidelines for adults with multiple sclerosis. Archives of physical medicine and rehabilitation, 94(9), 1829-1836.
  4. Dalgas, U., Stenager, E., & Ingemann-Hansen, T. (2007). Multiple sclerosis and physical exercise: recommendations for the application of resistance-, endurance-and combined training. Multiple Sclerosis.
  5. Pilutti, L. A., Platta, M. E., Motl, R. W., & Latimer-Cheung, A. E. (2014). The safety of exercise training in multiple sclerosis: A systematic review. Journal of the Neurological Sciences.
  6. Tallner A, Waschbisch A, Wenny I, Schwab S, Hentschke C, Pfeifer K, et al. Multiple sclerosis relapses are not associated with exercise. Mult Scler 2012;18:232–5.
  7. Powell KE, Heath GW, Kresnow MJ, Sacks JJ, Branche CM. Injury rates from walking, gardening, weightlifting, outdoor bicycling, and aerobics. Med Sci Sports Exerc 1998;30:1246–9.

Ramón J. Gómez i Illán: Doctor en CC. De la Actividad Física y el deporte.

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