El ejercicio físico constituye una de las terapias rehabilitadoras que se suelen ofertar a las personas con Esclerosis Múltiple (EM), aunque con resultados dispares. La práctica de ejercicio contribuye a la mejora de la condición física y a aspectos ligados a la misma que, a su vez, se encuentran afectados por la enfermedad (tales como la movilidad, el equilibrio, la fuerza muscular, etc.), si bien es cierto que no todos los pacientes se beneficiarán por igual.

En bastantes casos, las personas con EM presentan niveles elevados de fatiga y/o dificultades de movilidad que condicionan el transporte y que finalmente se traducen en una baja motivación hacia la práctica de ejercicio físico. Por ello, las nuevas tendencias en rehabilitación y ejercicio se decantan por buscar modalidades que sean atractivas para los pacientes con EM teniendo un marcado carácter recreativo, no siendo excesivamente fatigantes y que incluso puedan ser realizadas en el hogar (algo que estos días cobra especial importancia por la pandemia de la COVID-19).

Bajo esta idea, el baile se ha ido imponiendo poco a poco como terapia de interés en la EM. Así, estudios recientes han concluido que el baile es una terapia útil y factible para las personas con EM. Programas basados en la realización de dos sesiones semanales de una hora de duración, en las que se practicaron modalidades como la salsa o el baile de salón, demostraron tener una aceptación muy positiva por parte de los pacientes, a la vez que tenían un efecto positivo en su nivel de equilibrio y de movilidad.

El secreto de la efectividad del baile radica en tres aspectos fundamentales. Por un lado, no deja de ser un tipo de actividad física, en algunos casos incluso de intensidad moderada, que mejora la condición física, principalmente la capacidad cardiorrespiratoria. En segundo lugar, el baile puede ser considerado como una “dual task” o doble tarea, es decir, un tipo de ejercicio que estimula mente y cuerpo simultáneamente. En efecto, cuando bailamos podemos hablar o liberar nuestra mente, mientras nuestro cuerpo se mueve de manera automática, lo que puede tener efectos positivos a nivel de equilibrio y autonomía de la marcha. Finalmente, el baile es una actividad que fundamentalmente se realiza en pareja, lo que permite estrechar vínculos, generar nuevas amistades e incluso hacer partícipes a amigos, familiares y especialmente a la propia pareja. Esta situación facilita las posibilidades de transporte e incrementa la frecuencia de asistencia a este tipo de programas, ya que la persona está acompañada tanto durante el viaje como durante la actividad.

Por estos motivos, el baile podría ser considerado como una buena opción para mejorar la adherencia a programas de actividad física, con el objetivo de que las personas con Esclerosis Múltiple se beneficien de los efectos positivos tanto físicos como psicológicos que aporta el ejercicio cuando se practica de forma regular.

REFERENCIAS:

  • Ng, A., Bunyan, S., Suh, J., Huenink, P., Gregory, T., Gambon, S., & Miller, D. (2020). Ballroom dance for persons with multiple sclerosis: a pilot feasibility study. Disability and rehabilitation, 42(8), 1115–1121. https://doi.org/10.1080/09638288.2018.1516817
  • Patterson, K. K., Wong, J. S., Prout, E. C., & Brooks, D. (2018). Dance for the rehabilitation of balance and gait in adults with neurological conditions other than Parkinson’s disease: A systematic review. Heliyon, 4(3), e00584. https://doi.org/10.1016/j.heliyon.2018.e00584
  • Young, H. J., Mehta, T. S., Herman, C., Wang, F., & Rimmer, J. H. (2019). The Effects of M2M and Adapted Yoga on Physical and Psychosocial Outcomes in People with Multiple Sclerosis. Archives of Physical Medicine and Rehabilitation, 100(3), 391–400. https://doi.org/10.1016/j.apmr.2018.06.032

Carlos Ayán Pérez. Doctor en CC. De la Actividad Física y el deporte.

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